Son las diez de la mañana en El Vedado habanero, en la calle Primera y Ocho del Carmelo, y algunos esperan las ofertas del día. Es el nuevo "mercado de barrio", una fórmula que busca acercar el comercio a la gente, con reglas propias y beneficios fiscales concretos.
Un contexto que exige cambios
El "Mercado de Barrio" es una de las 176 medidas de transformación económica y social impulsadas por el gobierno cubano en 2026, con el Ministerio de Comercio Interior (Mincin) como organismo rector.
Su objetivo central es reactivar y remodelar la red existente de almacenes, mercados y carnicerías mediante la incorporación de actores económicos no estatales en la gestión de instalaciones comerciales estatales.
En los últimos años, la comunidad del Carmelo ha venido reflexionando sobre una realidad que ya no puede ignorarse: la necesidad de que las personas de la tercera edad, y en general los adultos mayores, puedan acceder de manera digna, segura y autónoma al mercado del barrio. De ahí la aceptación del fundado el pasado 13 de agosto.
Una lista de veinticuatro productos "de primera necesidad"
La premisa es clara: aprovechar capacidades comerciales existentes, muchas subutilizadas, para acercar a las comunidades alimentos y artículos de aseo a precios más bajos.
Los mercados de barrio no venden de todo, ni todo tiene el mismo tratamiento.
Existe una lista prioritaria. Según la normativa, estos productos reciben beneficios fiscales, deben garantizarse y su precio es observado de cerca: leche en polvo, picadillo, hamburguesas, pollo, embutidos, huevos, aceite vegetal, puré y pasta de tomate, espaguetis, fideos, granos, arroz, azúcar, harina, sopas instantáneas y café. En aseo: detergente, jabón, papel higiénico, desodorante y pasta dental.
Además de la venta tradicional en mostrador, se incentiva a los mercados de barrio a desarrollar preempaque, mensajería y canales de pago electrónico.
El andamiaje fiscal que sostiene la rebaja
Para que esa rebaja sea posible, el modelo no apela a la buena voluntad del comerciante, sino a un andamiaje de incentivos fiscales que buscan reducir los costos de operación.
El corazón del incentivo está en el tratamiento del Impuesto sobre las Ventas. Para los actores económicos no estatales que se integren al proyecto, se establece una bonificación del 5% en el pago de este tributo por la comercialización minorista de un grupo específico de productos.
Pero hay más: quienes comercialicen de forma mayorista hacia esta red quedan exonerados del pago del impuesto sobre las ventas. A esto se suma otro alivio significativo: la exoneración del pago por el arrendamiento del establecimiento durante un periodo que oscila entre los dos y tres años.
La voz del mostrador
Tahimy León Echeverría, dependienta del Café Carmesí, nos refiere que el flujo de personas "se comporta súper bien, inclusive todos los vecinos del barrio están muy contentos con el servicio que estamos prestando. Ellos vienen y todo el mundo: 'Ay, qué bueno, qué bueno'. Porque realmente la población de aquí es una población mayor, ancianos, y pues se le dificulta ir a algún lugar y entonces aquí resuelve sus primeras necesidades".
Sobre el pago por QR, confirma que "se acepta todo en la venta del día, todas las transferencias que lleguen. Ellos están también contentos con eso porque lo mismo las personas mayores que a los trabajadores que se les dificulta la extracción de dinero en el cajero, aquí vienen y pueden hacer las compras mediante este pago electrónico".



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